Un perfeccionista

Un perfeccionista

Un editor tiene que dar la cara y defender sus elecciones”, sostuvo en alguna ocasión Claudio López de Lamadrid; más recientemente, en una conversación con Ignacio Echevarría, sostuvo que “hacer bien los libros no es tarea sencilla[…]: aparte de práctica y experiencia, se necesita cierta vocación, al menos una vocación de perfeccionismo, de trabajo bien hecho o como quieras llamarlo”.
Dos líneas de trabajo que constituyen la parte del león de su legado: por una parte, la publicación en español de la más reciente narrativa norteamericana, una apuesta de enorme riesgo por entonces si se considera la juventud de los autores que publicó (Jonathan Lethem, Dave Eggers, Chuck Palahniuk, Michael Chabon, Denis Johnson, entre otros) y la ambición a menudo desconcertante de sus obras, por ejemplo La broma infinita, de David Foster Wallace, de la que fue uno de los primeros valedores.

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