Invertir en un nuevo año que arrastra viejos temores

Invertir en un nuevo año que arrastra viejos temores

Cada inicio de año ponemos mentalmente el contador a cero. Como si el paso de página fuera algo obligatorio. En el caso del 2018, mi sensación es que el paso de página era algo ansiado. Fue 2018 un año atípico, en el que lo normal ha sido perder dinero prácticamente en todo. Hay que remontarse varias décadas para ver algo semejante. Las sensaciones malas se han visto acrecentadas, además, por dos circunstancias: una, porque ha sido como un jarro de agua fría frente a un consenso de optimismo generalizado a comienzos del ejercicio pasado y dos, porque, además, el peor mes de todos ha sido el último.

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