Claudio

Claudio

‘Pablucas’, me decía Claudio López Lamadrid. O primo. Alguna vez le presté un árbol genealógico que enlazaba a los de la Madrid de Colima con los López de Lamadrid de Cantabria. Claudio regaló ese documento a su padre y a su vez bromeaba diciendo que unos hijos eran enviados a la guerra para defender el blasón familiar, otros a la iglesia para ganar el reino de los cielos y los más pequeños al nuevo continente para deshacerse de ellos. Yo le decía que la rama americana venía de Potes y no de Comillas y que ningún ancestro nos unía tanto como Orhan Pamuk, porque fue gracias a una conferencia sobre el futuro que el escritor turco impartió Barcelona, que conocí a quien poco tiempo después se convertiría en mi editor, como lo fue de muchísimos que le debemos tanto en ambas orillas del Atlántico.

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